Manifiesto 1 de mayo del Sindicato Unitario de Andalucía

Hay dos clases de comunistas. La de aquellos que aspiran, mediante el esfuerzo propio, a engrandecer su vida para darla toda a la comunidad: y la de aquellos que esperan en que una colectividad formalmente comunista, venga a satisfacer las exigencias de su propia vida individual, dispensándoles y remidiéndoles del dolor que partea el esfuerzo creador.
Comunistas del resultado del esfuerzo propio y comunistas del resultado del esfuerzo ajeno. Comunistas que aspiran a dar y comunistas que aspiran a recibir.
Camaradas:
Camaradas
VIVA EL 1º DE MAYO
VIVA LA CLASE OBRERA LIBRE
VIVA ANDALUCÍA LIBRE
Comunistas del resultado del esfuerzo propio y comunistas del resultado del esfuerzo ajeno. Comunistas que aspiran a dar y comunistas que aspiran a recibir.
Somos o aspiramos a ser comunistas de la primera especie. Y decimos, aspiramos a ser, porque nuestra modestia se resiste a conferirnos el máximo honor de poder calificarnos con este nombre de comunistas, expresión cuyo concepto verdadero es la esencia de una pura y excelsa santidad.
Así comienza la Dictadura Pedagógica, escrita por Blas Infante en 1921. Un Blas Infante al que el parlamento andaluz por unanimidad tituló padre de la patria andaluza en el 14 de abril 1983. Imaginarse a 66 escaños del PSOE, Alianza Popular con 17 escaños, UCD con 15, el PCA-PCE5 8 y el PSA-PA con 3 escaños. Seguro que no se leyeron a Infante antes de otorgarle tan honorífico título.
Detrás de cada uno de los derechos que disfrutamos, hay una lucha de obreros y obreras. Detrás de cada beneficio colectivo arrancado a los explotadores, a los capitalistas, se esconden los sacrificios individuales de estos obreros y obreras. Así, tras las huelgas iniciadas el 1 de mayo de 1886, en Chicago, en reivindicación de la jornada de ocho horas y tras su represión violenta por las fuerzas del orden, los cabecillas de las luchas fueron detenidos, condenados y ejecutados bajo falsas acusaciones de terrorismo. En 1914 ciento cuarenta mujeres, hombres y niños trabajadores de una fábrica, murieron quemadas vivas. Realizaban una jornada laboral de sesenta horas a la semana bajo una férrea disciplina y se les cerraban todas las puertas de la fábrica para que no pudieran salir ni un segundo durante su jornada laboral. Sus propietarios fueron absueltos del proceso penal. Recientemente, tras el golpe de Estado en Ucrania en febrero de 2014, se ilegalizó al partido comunista y el 2 de mayo fueron quemados vivos cuarenta y seis sindicalistas en el edificio sindical de Odessa.
Cientos de miles de sucesos similares protagonizados por la clase obrera, las clases sometidas, los pueblos oprimidos, las víctimas del sistema… son los que hacen que los 1 de mayo, el Sindicato Unitario de Andalucía, junto a cientos de miles de sindicatos alrededor de todo el planeta, elevemos nuestro grito al viento en honor de quienes aportando sus propias vidas, sus propios sacrificios individuales, permitieron y permiten la evolución humana. Que permitieron y permiten el largo camino evolutivo que nos va alejando paso a paso de una primera condición de bestialismo, para alcanzar la condición de ser humano. Sabemos que queda un largo camino, pero también sabemos que siempre contaremos con esos y esas que llamamos comunistas a la manera de Infante, de los que aspiran a trabajar para la comunidad, se llamen a sí mismos comunistas o se llamen como se quieran llamar. Lo importante siempre es el contenido, nunca el envoltorio. Llegamos a conocer a comunistas de la primera especie cuando son ejecutados o cuando alcanzan la victoria. Pero hay cientos de miles de esos comunistas, anónimos, que nunca llegaremos a conocer, pero que la aportación que hacen a la revolución con la entrega anónima de sus vidas, aseguran el hecho de que mientras exista opresión habrá rebelión, que mientras exista la explotación humana, habrá revolución. Hoy es el día en el que la clase obrera de todo el planeta, eleva su grito de esperanza al viento, al cielo, a fundirse con todos los gritos de esperanza, de libertad, de igualdad, de solidaridad, de cooperación, de democracia. Gritos que van marcando el camino hacia la toma del cielo por asalto.
El sistema capitalista tiene un cielo y un infierno. En el cielo capitalista viven los ricos y las ricas capitalistas, las grandes fortunas constituidas en grandes familias. Ellos nacen sin pecado original, cuentan desde sus nacimientos con todos los medios de vida materiales y espirituales. El sentido de la vida para esta gente que, desde que nacen, las propias leyes humanas los colocan en el cielo, es, según el propio Aristóteles, disfrutar de lo que otros producen. Y luego está el infierno capitalista, el lugar reservado para quienes nacemos con el pecado original de no poseer los medios de vida materiales y espirituales necesarios. Los desposeídos, los nada, los nadie, los parias. Los marcados desde el mismo nacimiento como futura fuerza de trabajo, como mercancía humana: los recursos humanos. Los que producimos lo que otros disfrutan. Los creadores de toda la riqueza que las propias leyes humanas aseguran que son propiedad de los que viven en el cielo capitalista.
En la producción conviven dos capitales: los medios de producción que aportan los capitalistas; y nuestros cuerpos que ponemos a disposición de la producción durante nuestra jornada laboral a cambio de un precio, a cambio de un salario. Y todavía hay quienes dicen que la vida humana no tiene precio, pero la vida de los obreros y las obreras, al ser introducidos en sistema productivo capitalista son convertidos en mercancía, en fuerza de trabajo, en piezas de robots y sí que tenemos precio. En eso consiste la negociación colectiva, en acordar el salario que recibirán quienes entran en el infierno capitalista.
Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate. Significa "abandona toda esperanza, tu que entras". Es la inscripción que Dante Alighieri encuentra en la puerta del infierno al iniciar su viaje, que le llevará desde allí al purgatorio y al cielo, como narró en La Divina Comedia, obra que enlaza la edad media con la moderna. Quienes nos convertimos en fuerza de trabajo lo hacemos en el infierno capitalista, ocultado ante el mundo, invisibilizado incluso a la vista de los propios trabajadores y trabajadoras. Porque ¿Quiénes de los presentes tiene en cuenta la sangre, el sufrimiento del trabajo esclavo o en condiciones de semiesclavitud, derramado en las minas del litio con el que fabrican las baterías de nuestros teléfonos móviles? ¿Quiénes de nosotros somos conscientes que tras el cacao que tomamos en desayunos, meriendas o antes de acostarnos, se esconde la vida de los niños que en condiciones de esclavitud, han recolectado el cacao? Nuestra vida cuando la dedicamos como fuerza de trabajo de la producción capitalista, se escapa, se desgasta, la transmitimos a los objetos que producimos. Igual que las herramientas o maquinaria que compra el capitalista que tienen una vida útil y a lo largo de ella se van desgastando en la producción de mercancías, así igualmente la fuerza de trabajo a lo largo de su vida útil, laboral, se va desgastando, transfiriendo a la producción de mercancías, de productos. Es el paso de ser Sujeto a ser Objeto que descubriera Carlos Marx y que sabemos que ocurre en realidad.
Una vez me contó un compañero que durante una campaña de recogida de fresa en la que trabajó, se llevó tres días tirando toda la fruta recogida al objeto de que subieran los precios para poder rentabilizar la producción. Me decía que no sólo le parecía un crimen que mientras hubiera población hambrienta, estuviéramos tirando alimentos, sino que sentía cómo parte de él mismo terminaba en aquel barranco. Otro me dijo que cuando pasa junto a la fábrica en la que trabajó en una obra de ampliación, que cada vez que ve las torres, las tuberías, los cables… de esa fábrica, siente como si parte de él formara parte de esas estructuras.Así, cuando a través del trabajo asalariado y las cadenas de la explotación entramos en el infierno capitalista, es decir, somos convertidos en fuerza de trabajo, nuestras vidas pasan a ser consumidas y aniquiladas para el enriquecimiento y disfrute de una minoría propietaria del capital, nuestras vidas pasan a ser el combustible de las calderas de ese infierno capitalista, por eso no hay dignidad en el trabajo asalariado y no hay ningún empleo ni salario dignos.
Fijarse si se va nuestra vida en nuestro trabajo, que vemos normal que quien invierte dinero, gane dinero. Pero cuando lo que nos vemos obligados a invertir son nuestras vidas, la cosa cambia. Porque quien invierte capital, si le va mal lo podría perder. Pero a la clase obrera, cuando le sale mal la inversión en la producción, de nuestro propio capital, nuestra propia vida, cuando sale mal nuestra inversión podemos encontrarnos con la muerter. En Andalucía se produce un accidente cada once horas y cada semana aportamos dos cadáveres de obreros y obreras andaluzas a la producción. Pero no son sólo datos los que aportamos desde Andalucía la clase obrera. Andalucía no exporta, en Andalucía son los capitales extranjeros quienes nos extraen nuestros jugos vitales. Producimos productos agrícolas y las materias primas que se convierten en productos terminados fuera de nuestras fronteras. Características, entre otras, que determinan una economía colonial y que se refleja en las condiciones de vida de las familias trabajadoras andaluzas sobre explotadas. Con ejemplos como el que son inferiores nuestras pensiones y nuestros salarios, que la media de las pensiones o salarios españoles e incluso nuestra menor esperanza de vida, dos años menos que la media española.
Esta sobre explotación a la que nos vemos sometidos la clase obrera andaluza, adquiere tintes perversos si a la condición de andaluza le unes la condición de mujer y más aún si la unes la condición de inmigrante ilegal. Camaradas, los salarios son una forma de describir el precio de nuestra vida, y como precios que son, están afectados por la ley de la oferta y la demanda. Nuestra fuerza de trabajo, nuestra mercancía por la que percibimos el salario, si es escasa en una determinada rama de la producción, se obtienen salarios más elevados. Pues bien, en el capitalismo andaluz se importa mano de obra fundamentalmente para la agricultura, al objeto de inundar el mercado laboral con mano de obra y así bajar el precio de nuestra mercancía, nuestra fuerza de trabajo. Y para ello, no sólo se utilizan mecanismos legalizados como la contratación en origen, sino que también mecanismos ilegales como el tráfico de seres humanos con el que se nutren mafias y el capitalismo en Andalucía. En Andalucía no hay extranjeros decía Infante, en Andalucía, todas las personas que somos explotadas, somos clase obrera andaluza, decimos también nosotros. Y en el Sindicato Unitario de Andalucía aspiramos a ser herramienta útil de liberación de la explotación capitalista para la clase obrera andaluza. El desarrollo peculiar de la economía andaluza requiere modos de actuación peculiares, distintos a los necesarios en otros lugares con desarrollos económicos diferentes. Aspiramos, soñamos con ser herramienta de liberación útil, actuando como si lo fuéramos. Esta sería como una primera determinación para la lucha anticapitalista en y desde Andalucía. Porque la única opción posible contraria sería la de pensar que no es posible salir del infierno capitalista, que no es posible tomar el cielo por asalto. Y aunque muchas veces decimos que es imposible porque no nos creemos la fuerza que tenemos, quienes así piensan, lo que está diciendo es que no quieren salir del mismo. Pero tenemos más poder del que nos creemos.
Sin la acción del movimiento obrero hubiera sido imposible acabar con el franquismo. Pero es que también, sin la acción de movimiento obrero no hubiera sido posible la instauración del Régimen del 78 vigente, al menos en apariencia. Luego, también es imposible pasar de este Régimen ya caduco, inservible, que nos ha endeudado hasta la médula, que se ha preocupado sólo por las grandes fortunas, sin nuestra participación. Un Régimen que en el transcurso del tiempo, reforma laboral tras reforma laboral, tanto de las reformas laborales protestadas como por las reformas laborales pactadas, hemos perdido todos y cada uno de los derechos que le arrancamos al régimen franquista. Hoy ni los sindicatos tenemos capacidad de vetar un descuelgue del convenio o un ERTE, ni la Inspección de Trabajo tampoco la tiene. Hoy toda empresa se puede descolgar del convenio de aplicación, hacer ERTEs a la carta y además se sigue abaratando el despido. Y si han aumentado el salario mínimo interprofesional o han equiparado la subida de las pensiones al IPC, lo han hecho por recomendaciones del propio Fondo Monetario Internacional que desde hace años está advirtiendo que el desarrollo de la crisis puede producir revueltas y desordenes públicos importantes. El intento de mantener el poder adquisitivo a los más pobres es para evitar que estos terminen asaltando supermercados o tomando fábricas abandonadas por sus patrones. Pero el resto podemos seguir empobreciéndonos sin peligro de asaltos alguno. Para el resto de trabajadores no existe ley que obligue a la subida de los salarios conforme al IPC, de forma que todo lo que sea firmar un convenio por debajo de este IPC, lo que es en realidad es una bajada salarial. Los números, la nómina, pueden verse aumentados, pero la cesta de la compra muy disminuida. Lo llaman pérdida de poder adquisitivo, pero es una bajada salarial.
Nosotros, la clase obrera que fuimos determinantes para acabar con el régimen franquista, también somos determinantes para cambiar esta situación. Desde nuestros centros de trabajo, desde los comités de empresa en los que estemos, desde donde exista organización de la afiliación del SUA, desde nuestra militancia, desde la calle, desde las instituciones… somos determinantes para salir del infierno capitalista, y tomar el cielo por asalto, acabando con la esclavitud y el robo del trabajo asalariado. No tomar el cielo de los ricos, sino tomar nuestro propio cielo, construyendo un reino donde todos tengamos asumido en nuestro más profundo ser, que toda explotación humana y de la naturaleza es ilegal e inmoral. En el que el capital tenga la misma consideración que el trabajo pues, como decía nuestro Blas Infante, el capital no es más que trabajo acumulado. Una Andalucía cuya economía sea planificada democráticamente por el capital andaluz y el trabajo andaluz, al servicio de la comunidad entera y no del enriquecimiento de las grandes fortunas.
También seremos determinantes para la construcción de un mundo de Paz. Si luchamos por nuestra liberación como clase y como pueblo, no podemos consentir que nuestro territorio esté sembrado de bases militares que son usadas agredir y robar a otros pueblos, a nuestros hermanos y hermanas de clase y de raza humana. Por eso también, el Sindicato Unitario de Andalucía convoca este año, junto con otras organizaciones hermanas, la Marcha a Rota el próximo 8 de mayo. Para reforzar el grito de paz de todos los pueblos oprimidos y explotados de ¡OTAN NO, bases fuera!
VIVA EL 1º DE MAYO
VIVA LA CLASE OBRERA LIBRE
VIVA ANDALUCÍA LIBRE
Secretaría Federal Colegiada

El 1º de mayo no es una fecha cualquiera en el calendario. Es, ante todo, un recordatorio incómodo: todo lo que la clase trabajadora ha conquistado lo ha hecho luchando. Nada fue regalado. Y nada será regalado. En Andalucía, esta afirmación no es una consigna abstracta, sino una realidad cotidiana. Vivimos en una tierra rica en recursos y en capacidad humana, pero empobrecida por un modelo económico que nos sitúa en una posición subordinada: salarios bajos, precariedad estructural, dependencia productiva y un mercado laboral marcado por la temporalidad y la inseguridad. Desde la perspectiva del Sindicato Unitario de Andalucía, esto no es casual. Es la consecuencia lógica de un sistema —el capitalismo— cuya base es la extracción de plusvalía, es decir, la apropiación del trabajo ajeno por parte de la minoría que ostenta el poder económico y que, por ello, controla y dirige los demás poderes del Estado. En ese marco, Andalucía funciona como una colonia interna: produce riqueza, pero no la retiene. Esta realidad ya fue intuida, desde otras coordenadas históricas, por figuras como Fermín Salvochea y Blas Infante. Salvochea, desde su práctica revolucionaria y municipalista, entendió que la cuestión social no podía separarse de la vida concreta de la clase obrera. Su defensa de la justicia social, de la redistribución y de la dignidad de los más humildes no era teórica: era una forma de acción política directa frente a un orden injusto. En su experiencia, especialmente durante el cantonalismo andaluz, aparece una idea clave: sin transformación de las condiciones materiales de vida, no hay libertad real. Por su parte, Blas Infante vinculó la cuestión social con la cuestión nacional andaluza. Identificó que la situación de Andalucía no era solo económica, sino también política: una tierra subordinada, cuya riqueza era sistemáticamente apropiada desde fuera. Su pensamiento señala un punto de conexión fundamental con el análisis marxista: la necesidad de que los pueblos controlen sus propios recursos para poder garantizar justicia social. Hoy, esa doble lectura —social y territorial— sigue plenamente vigente. Y no solo en los centros de trabajo, sino también en el escenario internacional. Las guerras actuales no pueden entenderse al margen de los intereses económicos que las sostienen: control de recursos, mercados, rutas estratégicas. Mientras los pueblos ponen los muertos, el capital acumula beneficios. Y esa dinámica también nos afecta aquí. Andalucía forma parte de esa geografía del capital: bases militares, infraestructuras al servicio de estrategias externas, y una economía vulnerable a las decisiones de actores que están muy lejos de nuestra realidad. Pero si hay una expresión especialmente cruda de esa violencia estructural que convierte a seres humanos en recursos humanos, es la siniestralidad laboral. En Andalucía mueren, de media, dos trabajadores a la semana en accidentes laborales. No estamos ante hechos aislados ni inevitables. Estamos ante consecuencias directas de un modelo productivo que prioriza el beneficio sobre la vida. Falta de medidas de seguridad, ritmos de trabajo intensivos, externalizaciones, precariedad… todo ello configura un entorno donde trabajar puede costar la vida. Las cuatro muertes en el primer trimestre del año por accidentes laborales en Huelva no son una excepción. Es parte de un patrón. Nombrarlo es importante. Porque frente a la lógica deshumanizadora del sistema, que convierte las vidas en estadísticas, el movimiento obrero tiene la tarea de devolverles su dimensión concreta: eran compañeros, tenían nombres, historias, familias. Y sus muertes interpelan directamente a las condiciones en las que se organiza el trabajo. En este punto, la ética política de Salvochea vuelve a ser pertinente: no hay justicia posible si se tolera el sufrimiento evitable de la mayoría. Y, en clave andaluza, también resuena la denuncia de Infante sobre una tierra donde las condiciones de vida de su pueblo han sido históricamente subordinadas a intereses ajenos. En este contexto, las luchas actuales en Andalucía adquieren una importancia central.El actual conflicto de los compañeros del metal en Cádiz es un ejemplo claro. Es la expresión de una clase trabajadora que se niega a aceptar la pérdida constante de derechos, que se organiza y que confronta a la patronal y al sindicalismo de concertación. Su capacidad de movilización conecta con una larga tradición de lucha en la Bahía, donde la conciencia obrera ha sido históricamente un elemento de resistencia. No es casual que Cádiz, tierra de Salvochea, siga siendo hoy un referente de combatividad obrera. Del mismo modo, la situación de clase jornalera en revela otra cara del mismo sistema. La agricultura intensiva, uno de los pilares económicos de la región, se sostiene en gran medida sobre condiciones laborales y de vida que no cumplen unos mínimos de dignidad: jornadas extenuantes, salarios bajos. Considciones indignas que se convierten en condiciones de esclavitud en el sector de la clase jornalera andaluza víctimas de las mafias del tráfico de personas, a los que la Patronal no duda en usar en cualquier momento, recluidos en asentamientos sin servicios básicos y trabajando sin ningún derecho. Aquí el capital opera mediante una doble explotación: económica y social. Utiliza la vulnerabilidad administrativa y la exclusión para imponer condiciones que serían más difíciles de aplicar a otros sectores de la clase trabajadora. Esta realidad interpela directamente al ideal de justicia social que tanto Salvochea como Infante defendieron, cada uno desde su perspectiva: una sociedad donde la dignidad no dependa del origen, la condición o la posición económica.Por eso, cualquier planteamiento sindical que aspire a ser transformador debe partir de una premisa clara: no hay clase trabajadora de primera y de segunda. La división solo beneficia al capital. Desde el sindicalismo de clase que representa el Sindicato Unitario de Andalucía, la tarea es precisamente la contraria: construir unidad. Unidad entre sectores. Unidad entre territorios. Unidad entre trabajadores autóctonos y migrantes. Porque la fragmentación es una de las principales herramientas de dominación del capitalismo. Ahora bien, la unidad por sí sola no es suficiente. Debe ir acompañada de organización y de lucha. La experiencia histórica del movimiento obrero demuestra que los derechos no se consolidan mediante la mera negociación, sino a través de la presión organizada. La huelga, la movilización y la acción colectiva no son anomalías: son mecanismos fundamentales de equilibrio frente al poder del capital. En este sentido, el sindicalismo no puede limitarse a gestionar lo existente. Tiene que aspirar a transformarlo. Eso implica plantear alternativas: control social de los sectores estratégicos, garantía de condiciones laborales dignas, acceso universal a la vivienda, fortalecimiento de los servicios públicos. Pero, sobre todo, implica cuestionar las bases mismas de un sistema que convierte la vida en mercancía. En términos que hoy podríamos releer tanto desde Marx como desde Infante, se trata de avanzar hacia una sociedad donde la riqueza producida colectivamente revierta en la mayoría social y donde los pueblos dejen de estar subordinados a intereses externos. El 1º de mayo, por tanto, no es solo una jornada reivindicativa. Es también un momento de clarificación. Frente a un modelo que genera precariedad, desigualdad y violencia —tanto en forma de guerras como de siniestralidad laboral—, la respuesta no puede ser individual. Solo puede ser colectiva. Organizarse no es una opción ideológica. Es una necesidad material. Y en Andalucía, esa necesidad es urgente. Porque aquí, más que en otros lugares, se cruzan todas las contradicciones del sistema: dependencia económica, precariedad laboral, explotación agraria, uso estratégico del territorio y una larga tradición de lucha obrera. Esa tradición no es un recuerdo. Es una herramienta. De Salvochea a Infante, de las luchas jornaleras a los conflictos actuales, hay un hilo común: la dignidad no se concede, se conquista. Y el 1º de mayo es un buen momento para recordarlo: la historia no la escriben quienes se adaptan, sino quienes se organizan y luchan. Esa sigue siendo la tarea.

Estimadas compañeras y estimados compañeros: Desde el Sindicato Unitario de Huelva queremos trasladaros nuestra profunda consternación y dolor ante el reciente fallecimiento de un trabajador del sector del metal en nuestra provincia, como consecuencia de un accidente laboral. Este trágico suceso vuelve a poner de manifiesto la grave problemática de la siniestralidad laboral, que continúa cobrándose vidas obreras de forma intolerable. Entendemos que este hecho no puede quedar en el silencio ni en la resignación. La muerte de un trabajador en su puesto de trabajo es una cuestión que interpela al conjunto de la clase trabajadora y exige una respuesta firme, unitaria y visible por parte de las organizaciones sindicales. Por todo ello, desde el Sindicato Unitario apoyamos la propuesta de la familia de nuestro compañero Mariano Álvarez Rodríguez a la convocatoria de concentración, con el objetivo de: Mostrar nuestra solidaridad con la familia, amistades y compañeros del trabajador fallecido. Denunciar públicamente esta muerte laboral. Exigir el esclarecimiento completo de los hechos y la depuración de responsabilidades. Reivindicar condiciones de trabajo seguras y dignas para el conjunto de la clase trabajadora. Reclamar medidas efectivas que pongan fin a esta lacra de la siniestralidad laboral. Consideramos fundamental ofrecer una respuesta unitaria del movimiento sindical, que esté a la altura de la gravedad de lo ocurrido y que contribuya a visibilizar la necesidad urgente de reforzar la prevención de riesgos laborales y la defensa de la vida y la salud de las personas trabajadoras. Viernes 20 de marzo, en la puerta principal de NATURGY desde las 14,00 a las 16,00 horas. Polígono Nuevo Puerto, calle A

La liberación de la explotación capitalista es tarea común de la clase obrera de todos los pueblos del mundo. Y las guerras provocadas por los Estados capitalistas, no solo fracturan la unidad necesaria para llevar a cabo dicha tarea sino que, aunque parezcan luchas entre naciones, solo son instrumento para la defensa de los intereses del capital. En estos momentos, esos intereses están sembrando de cadáveres de miles de trabajadores y trabajadoras las calles de las ciudades de nuestros pueblos hermanos del Mediterráneo. Entonces, si la liberación de la clase obrera andaluza requiere su unión consciente con los pueblos explotados del Mediterráneo, ¿cómo podrá realizarse mientras Andalucía continúe subordinada a una política exterior y militar que no responde a nuestras necesidades históricas —tierra, trabajo, soberanía, desarrollo industrial propio— sino a estrategias geopolíticas dictadas por centros de poder ajenos? Andalucía ha sido históricamente integrada en el capitalismo como periferia agraria, exportadora de materias primas, mano de obra barata y espacio logístico-militar. Sus puertos, su litoral y su posición estratégica en el Estrecho no han sido utilizados prioritariamente para articular un desarrollo autónomo al servicio de su pueblo, sino como piezas de un engranaje mayor: rutas comerciales controladas por grandes navieras, bases militares al servicio de alianzas armadas, enclaves turísticos orientados a la captación de renta externa. En el actual contexto de guerra global —guerras abiertas, tensiones en el norte de África, militarización del Mediterráneo oriental, control energético y migratorio— Andalucía vuelve a situarse en la frontera geopolítica. Pero esa centralidad estratégica no se traduce en soberanía popular, sino en mayor dependencia: incremento del gasto militar, consolidación de infraestructuras logísticas para la guerra, subordinación energética y alimentaria, y utilización del territorio como plataforma de proyección exterior. Frente a ello, cabe una primera crítica necesaria a quienes, invocando la seguridad, la estabilidad o la pertenencia a bloques internacionales, defienden a toda costa la participación del Estado español en esa dinámica de confrontación permanente. Su posición parte de un presupuesto falso: que la integración militar y la alineación automática con potencias dominantes garantizan prosperidad y protección. En realidad, consolidan la condición periférica de Andalucía, convierten su territorio en pieza imprescindible de una estrategia global y subordinan las prioridades sociales a los dictados del complejo militar-industrial y financiero. Nos quieren hacer creer que con la defensa (con nuestras economías, con nuestras vidas) de los intereses del capital transnacional, defienden el interés general. No son los intereses del jornalero, del trabajador portuario, del precariado turístico o del pequeño productor agrícola los que determinan estas orientaciones. Son los del capital transnacional, las industrias de defensa, las grandes distribuidoras alimentarias y los fondos de inversión que capturan la renta agraria y urbana. La guerra y la tensión permanente en el Mediterráneo elevan el precio de la energía, encarecen los alimentos, precarizarán aún más el empleo y legitiman políticas de excepción que refuerzan el control social. Al mismo tiempo, los pueblos de la otra orilla —Magreb, Oriente Próximo, Mediterráneo oriental— sufren las consecuencias más devastadoras: intervenciones, bloqueos, economías destruidas, migraciones forzadas y muertes. Y sin embargo, esos trabajadores y trabajadoras no son enemigos objetivos del pueblo andaluz, sino parte de la misma cadena de explotación que articula el capitalismo euro-mediterráneo. Aquí se impone una segunda crítica a quienes, proclamándose pacifistas o contrarios a la guerra, limitan su oposición al plano moral mientras preservan intactas las bases económicas que la generan. Rechazar la guerra sin cuestionar la lógica de acumulación capitalista que convierte territorios en plataformas estratégicas y pueblos en recursos descartables equivale a combatir los efectos y proteger la causa. La competencia interimperialista, la búsqueda de mercados y la apropiación de recursos no son anomalías del sistema; son su dinámica constitutiva. No habrá paz estable mientras persista un modelo basado en la explotación estructural y la desigualdad entre centros y periferias. Y una última crítica para quienes proclamaron en su momento ""OTAN, de entrada, NO" y ahora repiten el "No a la Guerra". A los mismos que hicieron lo posible y lo imposible para mantenernos vinculados a aquella organización criminal internacional. A los mismos que nos han involucrado en guerras como en Agfanistán, Yugoslavia, Libia, Ucrania... invocando el Derecho Internacional. Es decir, por el derecho que definía el Orden Mundial elaborado y ejecutado por las potencias capitalistas tras la II Guerra Mundial. Estos son los del Sí a las guerras legales, a las guerras que vienen a defender los intereses de las potencias capitalistas frente a los de los pueblos y la clase obrera. Hoy que, por lo que sea, defienden un orden mundial que está condenado a pasar al basurero de la historia por las conquistas sociales y económicas de la República Popular China conducida por su partido comunista. La clase obrera andaluza tiene, por tanto, una tarea histórica doble. Primero, desvelar el carácter de clase de la política exterior que convierte su territorio en plataforma militar y su economía en engranaje subordinado. Y segundo, tejer una alianza consciente con los pueblos mediterráneos explotados, basada en intereses materiales comunes: soberanía, control público de la energía, política de defensa armada, cooperación productiva sur-sur, defensa de los derechos laborales frente a la competencia a la baja impuesta por el capital. La vigilancia crítica de los acuerdos militares, de las inversiones estratégicas, de los tratados comerciales y de las políticas migratorias no es un asunto diplomático abstracto. Es parte de la lucha por el pan, la tierra y el trabajo en Andalucía. Cada euro destinado a la carrera armamentística es un euro sustraído a la reindustrialización, a la transición ecológica justa, a la educación y a la sanidad públicas. Reivindicar los intereses históricos de la clase obrera andaluza significa la afirmación de un internacionalismo mediterráneo desde abajo: el de los pueblos que comparten explotación estructural frente a centros de acumulación externos. La verdadera frontera no separa continentes; separa clases sociales. Una política exterior coherente con los intereses del pueblo andaluz exigiría prioridad a la cooperación económica equitativa con los pueblos del sur, defensa de los derechos humanos sin doble rasero y ruptura con la lógica de bloques que convierte el Mediterráneo en teatro permanente de confrontación. La lucha por esta orientación forma parte orgánica de la lucha general por la liberación de la clase obrera en Andalucía y en todos los pueblos oprimidos y explotados del Mediterráneo. Porque ningún pueblo periférico se libera aislado, y ningún trabajador gana con la guerra que enriquece a sus explotadores. Trabajadores y trabajadoras del Mediterráneo, uníos.

No sería la primera vez que el Sindicato Unitario solicita la participación de MOEVE (antes CEPSA Refinería La Rábida) en la mesa de negociación del convenio colectivo del sector de montajes. Siempre hemos considerado que son las empresas de todo el Polo Químico, encabezadas por MOEVE, las que deciden lo que pueden y lo que no pueden firmar los empresarios del metal en la negociación colectiva. Son “el negociador fantasma”: invisibles y silenciosos, pero siempre presentes, sin necesidad de invocaciones ni ritos estrafalarios. Y es lógico. En función de los costes laborales que surjan de la negociación, así tendrán que pagar más o menos a las empresas contratistas del metal por sus servicios. Sus objetivos económicos dependen de muchos factores, pero uno de los fundamentales es el coste de la mano de obra. Es decir, del precio que tendrán que pagarnos para que aceptemos dejar de ser seres humanos y pasar a ser simples recursos humanos, utilizados para su enriquecimiento con nuestro trabajo y con nuestras vidas. Como es de esperar, los representantes empresariales del montaje, siempre en defensa de sus principales clientes, niegan que la Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas de Huelva tenga competencia alguna en la negociación colectiva del metal. Más adelante volveremos a esta cuestión. La negociación se iniciaba a principios de 2025 con unas propuestas, a defender frente a la patronal, acordadas entre todos los sindicatos participantes. Sin embargo, conforme se iba desarrollando la negociación y se avanzaba en posibles acuerdos, se incrementaba el malestar de los trabajadores, que veían dichos acuerdos muy por debajo de las expectativas iniciales. A ello se sumaba la ira acumulada tras tantos años de condiciones laborales que dejan mucho que desear, ya que, pese a que el convenio otorga numerosas facilidades a la patronal para cubrir todos los servicios necesarios a sus clientes, es habitual el incumplimiento de lo pactado o de cualquier normativa de aplicación. Son numerosas las denuncias y demandas que interponemos por reclamación de cantidades e, incluso, por delitos contra la libertad sindical. Los trabajadores recogieron más de mil firmas para solicitar que los sindicatos participantes en la negociación convocaran una asamblea informativa sobre el transcurso de la misma. Al no ser atendida dicha solicitud, el Sindicato Unitario convocó a sus afiliados, delegados y a todos los trabajadores del metal a una asamblea en la que se tomó la decisión de convocar una huelga de 24 horas, días antes de la fecha prevista para la firma del convenio entre la patronal y la mayoría absoluta de los representantes sindicales en la mesa de negociación. Fue tan contundente la respuesta de los trabajadores a la convocatoria de la huelga del pasado 24 de noviembre que podemos afirmar que el paro fue total. Como consecuencia, se recuperó la unidad sindical, no se procedió a la firma prevista y se ajustaron las propuestas sindicales en la negociación conforme a lo decidido por los trabajadores. A pesar de ello, los trabajadores no bajan la guardia y deciden, en asambleas espontáneas, dejar de realizar horas extraordinarias, lo que enciende todas las alarmas: la patronal podía soportar un día de huelga, pero no puede soportar un solo día sin que realicemos horas extras. Los trabajadores de las contratas en MOEVE son las primeras en recibir ciertos rumores como: rescisión de contratos, advertencias a quienes aparecen en los vídeos de la huelga porque el cliente puede pedir su cabeza, etc. Estas son las propuestas que teóricamente lanza el negociador fantasma a las contratas. Tanto es así que el Sindicato Unitario ha convocado nuevamente huelga, pero en esta ocasión fuera de la jornada laboral legal, para la no realización de horas extraordinarias ni cambios de jornada que dependan de la voluntad del trabajador, con carácter indefinido hasta la firma del convenio, con el objeto de impedir actuaciones empresariales destinadas a dejar sin eficacia las medidas de presión que la ley establece para la defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadoras. Lo que ha conseguido el negociador fantasma es echar más leña al fuego. Recientes asambleas han anunciado la convocatoria de nuevas huelgas, más contundentes, con la participación de todos los sindicatos, así como otras medidas a adoptar en los centros de trabajo donde, a principios de año, se negocian los calendarios y la adscripción de voluntarios a guardias y retenes. Ahora nos amenazan afirmando que estas medidas pueden ser ilegales y que así lo están estudiando con sus asesores. Por nuestra parte, llevamos ya tiempo asesorados sobre la sombra de ilegalidad en la que se asientan vuestros contratos mercantiles entre contratistas y contratas. Quizá muchos de los trabajadores de las contratas del Polo Químico de Huelva podrían estar afectados por los convenios colectivos de las empresas contratistas. Esperamos que el negociador fantasma haga una de estas dos cosas: o se presente físicamente, cara a cara, en la negociación; o que, si por algún motivo no tiene las suficientes agallas para dar la cara, abandone para siempre su intervención en el convenio del metal. Las ganancias obtenidas por las empresas, así como las que se anuncian con el actual proceso de inversiones y ampliaciones, confirman lo que los trabajadores llevamos años denunciando: dinero hay, y mucho. Lo que no hay es voluntad de repartir la riqueza que generamos. Ha llegado el momento de recuperar íntegramente el poder adquisitivo robado durante años, en los que todas vuestras crisis, reestructuraciones y ajustes han recaído sistemáticamente sobre nuestras espaldas, nuestra salud y nuestras vidas. Y para más inri, todo esto ocurre en un contexto de fuertes inversiones en hidrógeno verde, presentadas como el futuro industrial de Huelva y como un supuesto ejemplo de sostenibilidad y progreso. Un modelo que, en realidad, vuelve a reproducir el mismo esquema de siempre: capitales extranjeros que multiplican sus beneficios de forma exponencial mientras dejan en esta tierra únicamente precariedad, subcontratación, salarios de miseria y derechos recortados. Pretenden convertir a Huelva en un referente mundial de la nueva energía, pero a costa de seguir explotando a quienes levantan y mantienen esas industrias. No aceptamos que el “progreso” se construya sobre jornadas interminables, horas extras forzadas, amenazas, chantajes y miedo. No aceptamos que se nos venda modernidad mientras se nos condena a condiciones laborales del siglo pasado. La clase obrera andaluza no está dispuesta a seguir pagando este modelo de saqueo. Si quieren beneficios récord, inversiones millonarias y estabilidad productiva, tendrán que aceptar también salarios dignos, derechos reales y respeto. Y si el negociador fantasma insiste en seguir actuando desde la sombra, encontrará enfrente a unos trabajadores organizados, conscientes y dispuestos a llegar hasta donde haga falta.

Camaradas: Un grupo de cinco trabajadores de la empresa DUPLACH (Villa del Río, Córdoba), tomaron la decisión de afiliarse al Sindicato Unitario de Córdoba para luchar por la mejora de sus insoportables condiciones de trabajo. Duplach emplea a un centenar de trabajadores para la fabricación de platos de ducha en sus instalaciones en el límite de los términos municipales de Lopera (Jaén) y Villa del Río (Córdoba) y ocupa una extensión de 4.500 metros cuadrados. Dicen que su principal objetivo es lograr la mejor de sus productos y servicios que consiguen debido a la seriedad y puntualidad de sus trabajadores cuyas tareas y responsabilidades se centran en complacer a cada uno de sus clientes. Y que por estos motivos, venden sus productos en Europa, Estados Unidos y Asia. Fundada en 2010, ha sufrido dos incendios. El primero en 2019 que redujo a cenizas todas las instalaciones y un trabajador de 29 años tuvo que ser trasladado al Reina Sofía de Córdoba por quemaduras en la cara. El segundo incendio se produjo en 2024 y solo afectó a una nave de almacenamiento de productos químicos de unos 400 metros cuadrados, sin ocasionar daños personales. Como podemos deducir, el cuidado por la seguridad de las instalaciones y de la vida de los trabajadores no será tan prioritario para la empresa como satisfacer a todos y cada uno de sus clientes. De hecho, los trabajadores vieron la necesidad de organizarse para la mejora de sus condiciones de trabajo y de vida que las relataban de la siguiente forma: - De 9:30 a 11 horas de trabajo. - Recuperan la media hora de descanso. - Obligados a trabajar los fines de semana a 8€/hora. - Cuando no les dan la semana de vacaciones pagan por debajo de lo correspondiente. - Horas extras no pagadas. - Cuando las pagan, las pagan a 8€/hora. - Sanciones arbitrarias. - No tienen asuntos propios. - No daba todos los días correspondientes a los permisos retribuidos (matrimonio, paternidad/maternidad, etc.). - Amenazas con sanciones y/o despidos. - Presión laboral por parte de superiores. - Algunos contratos son de menos horas de los que trabajan. - No cobran lo que le viene en nomina. - No dan permiso por hospitalización de faniliar, se lo quitan de vacaciones o económicamente. - Sanciones económicas. - Solo vacaciones en verano. - Les deben vacaciones de años anteriores. - No saben las vacaciones a primeros de año, se las comunican unas semanas antes. - Hacen firmar recibí de EPIS sin entregarlos. - Falta de EPIS y de seguridad laboral. - Contratos que no se ajustan al puesto de trabajo. Tras varias conversaciones en el Sindicato Unitario de Córdoba se tomó la decisión de constituir una sección sindical a la que se fueron afiliando numerosos trabajadores y trabajadoras. Se procedió a convocar una asamblea de afiliados y afiliadas para tal fin y la empresa procedió al despido fulminante de quienes creía que eran los cabecillas. A continuación todos los demás afiliados y afiliadas procedieron a darse de baja voluntariamente del sindicato. Según la carta de despido, el motivo de los despidos fueron: - Bajada de productividad: Pero ¿bajada con respecto a qué o a quién? Sin justificantes ni comparativas de meses anteriores ni con compañeros que desempeñaban el mismo trabajo. - Desaparición del puesto: Sin justificación de la supresión del puesto que se ha mantenido hasta nuestros días. Unos meses después de los despidos, otro trabajador se pone en contacto con los recursos humanos de la empresa y les dice que se ha afiliado al Sindicato Unitario y, a continuación, les reclamaba algunas deficiencias de seguridad en la empresa. Al día siguiente no le dejaron ni abrir la taquilla. Otro fulminante despido. Y a pesar de los despidos, los aplazamientos del juicio, casi 2 años para que se haga justicia, y la persecución judicial a la que nos está sometiendo la empresa, con demandas por lo penal a los trabajadores despedidos y a las organizaciones que les han apoyado (Sindicato Unitario de Andalucía y Nación Andaluza), nos dicen que siguen fuertes y unidos, con ganas de luchar por la justicia y la clase obrera. Y que “no nos van a amedrentar”. Efectivamente, además de los despidos, la empresa nos demanda por la vía penal al Sindicato Unitario de Andalucía y a Nación Andaluza y nos piden varios miles de euros por hacer videos, concentraciones y manifestaciones en solidaridad con nuestros afiliados. Ya hemos acudido a unas nueve conciliaciones en las que no hemos reconocido los hechos que nos quieren imputar. Según el dueño, gerente y amo, en la empresa no hace falta organización sindical de los trabajadores pues ya cuentan con un buzón de sugerencias donde todos sus trabajadores pueden hacerles llegar todo tipo de sugerencias. Camaradas: este es uno de esos momentos en los que todos seamos uno. Para el próximo 1 de octubre hemos convocado una manifestación en Villa del Río (Córdoba), con salida en las puertas de la fábrica y finalización en la plaza del Ayuntamiento, para lo que os hacemos el llamamiento de participar en la misma a toda la afiliación que le sea posible (habrá coches y/o autobús). El objetivo: Denunciar públicamente la falta de libertad sindical en Duplash, mostrar nuestra solidaridad con los despedidos y advertir que no pararemos hasta que se respeten todos los derechos laborales en la empresa, la readmisión de los despedidos y el desestimiento de las demandas contra las organizaciones que les han apoyado.. Nos necesitamos todos en Villa del Río el próximo 1 de Octubre. Salud. Andalucía, 24 de septiembre de 2025 Secretaría Federal Colegiada

AUDECA S.L. es la concesionaria del servicio de limpieza viaria en Ayamonte. La empresa forma parte del GRUPO ELECNOR que obtuvo un beneficio de 50,15 millones de euros en el primer semestre de este año, lo que supone multiplicar por dos (+100,6%) las ganancias. Los trabajadores de AUDECA realizan servicios profesionales de gestión de residuos, limpiezas viarias, mantenimiento y conservación de infraestructuras a través de contratos con ayuntamientos y otros organismos y administraciones públicas. Es decir, es una de esas empresas que sin producir, generan beneficios. Son empresas parásitas que, como en Ayamonte, se enriquecen con los recursos públicos de los vecinos y vecinas, mientras que explotan a los ayamontinos que tienen contratados. Hemos solicitado la intervención del que se supone responsable y jefe de todos los servicios públicos, el alcalde, y nos dice que no tiene responsabilidad en el asunto. Por otro lado, el Tribunal de Cuentas ha emitido varios informes en los que plantea que la gestión municipal de los servicios públicos es más económica y de mayor calidad que la gestión privada de los mismos. Entonces ¿para qué se mantiene privatizado este y otros servicios públicos en nuestra ciudad? Ya sabemos que la empresa privada gana y lo trabajadores y los residentes ayamontinos perdemos. Y ahora sabemos, además que cuando la dirección de la empresa comete un error administrativo se lo hacen pagar, y caro, a los trabajadores. Hemos convocado una concentración de delegadas y delegados del Sindicato Unitario de Ayamonte a las puertas del Ayuntamiento el pasado día 31 de julio en solidaridad con el compañero despedido y para dar a conocer el caso a vecinos y vecinas. Al poco de comenzar el acto, se nos acerca el alcalde, Alberto Fernández, que mantiene una conversación con el afectado en presencia de representantes del Sindicato Unitario, miembros de la Corporación Municipal y compañeros del trabajador despedido y de otros sectores. Tras la conversación, el alcalde se compromete a la reincorporación del trabajador en las mismas condiciones en las que se encontraba, cuando salga la próxima licitación del servicio, que se llevará a cabo una vez que pase el verano y las fiestas de la Patrona el 8 de septiembre. Comprometiéndose a respetarle la antigüedad hasta el momento del despido y a partir de ese momento la que determine el juzgado ante la demanda interpuesta por nuestros servicios jurídicos. Tras el compromiso del alcalde dimos por finalizada la concentración, manteniéndonos vigilantes hasta ver cumplir el compromiso de la readmisión del compañero.




