LA GUERRA EN UCRANIA DESDE EL INFIERNO CAPITALISTA

En momentos como los actuales de guerra en Europa y antes durante la pandemia o desde el inicio en 2008 de la crisis económica en el centro de la civilización occidental... todos opinan y también muchas veces nos vemos obligados a opinar. Por otro lado, sabemos que cada opinión defiende unos intereses específicos. La realidad que se nos aparece ante nuestras narices o la realidad que nos muestran los medios de comunicación, la amoldamos a los intereses políticos, económicos, ideológicos o individuales de quien la emite y de quien la recibe. En definitiva, todos tenemos una imagen de la realidad amoldada a nuestras condiciones y/o aspiraciones. Por eso, antes de aportar una opinión más sobre la actual la guerra en Europa iniciada el pasado 24 de febrero de 2022 tras el anuncio de Putin de una operación especial en el Donbás, con el que dio comienzo a la invasión de Ucrania por el ejército ruso, creemos justo que lo primero sea presentarnos, para que toda persona que nos lea sepa desde el principio que nuestra opinión es interesada, que está amoldada a los intereses colectivos de la clase obrera.
Somos una pequeña parte de la clase obrera andaluza, consciente y organizada. Aspiramos a ser la infantería andaluza en guerra permanente contra los explotadores capitalistas de nuestra clase y de nuestro pueblo. Por esto no contemplamos que las opiniones que derramemos sobre cualquier cuestión, sean interesantes o asumibles por quienes no sean o no se consideren clase obrera andaluza organizada y consciente. No pretendemos tener criterio de verdad, sólo un criterio particular, nuestro propio punto de vista sobre el caos en el que se encuentra y del que parece no tener salida la agonizante civilización del Occidente anglosajón.
Pero aun siendo la nuestra una opinión interesada, no es en absoluto improvisada. Desde el Sindicato Unitario de Andalucía hemos dejado constancia en sendas ponencias aprobadas en nuestros congresos, de nuestra visión y posicionamiento sobre la situación de la lucha de clases a nivel mundial, a nivel Unión Europea – Estado español y particularmente a nivel andaluz. A partir de 1997 podemos encontrar en esas ponencias los antecedentes al estallido la guerra en Ucrania: EEUU única superpotencia abanderada del neoliberalismo; una China en el horizonte sin influencia fuera de sus fronteras, pero con un criterio de crecimiento económico totalmente opuesto al neoliberal; Superación de China a los EEUU en todos los aspectos económicos, científicos, tecnológicos... Decíamos también que esta situación nos volvía a colocar en un ambiente prebélico mundial parecido a los momentos más difíciles de la guerra fría, acompañado del avance del centralismo político y el recorte de los derechos democráticos sacralizados por el moribundo régimen del 78. En cualquier rincón de cualquier continente podría estallar un enfrentamiento bélico que respondiera hacia la resolución del conflicto USA-China.
Y para finalizar esta introducción, sólo resta decir que tanta previsión o intuición no nos ha servido para nada. Aun habiendo mejores condiciones que nunca desde la finalización de la II Guerra Mundial para avanzar en conquistas para la clase obrera y los pueblos oprimidos y explotados, la socialdemocracia sigue capitaneando las luchas y las ilusiones de la clase obrera. En todo este tiempo de crisis aguda de la civilización de occidente, aún no hemos podido contribuir de forma significativa en la lucha por lo que, los ricos son más ricos y los pobres somos más pobres.
Es complicado hablar de las actuales guerras y de las cercanas en el tiempo (Ucrania, Yemen, Siria, Libia, Palestina, Afganistán, Irak, Sáhara…), para quienes adquirimos la conciencia de vivir en una guerra constante y constantemente en el frente de las víctimas del llamado Mercado Laboral. Quienes nacemos desposeídas de los medios de vida, hemos de vendernos en el mercado laboral para evitar caer, o para salir, de la exclusión social. Es decir, que a cambio de un salario ponemos nuestros cuerpos a completa disposición del quien lo contrata para su goce, disfrute y enriquecimiento personal. Tenemos dos formas de existencia y en las dos son otros los que se enriquecen: el trabajo en los sectores productivos o el trabajo en el sector de los servicios.
Todas las personas desposeídas soñamos con un primer trabajo en cualquier circunstancia, incluso a veces pagando en lugar de cobrar. Y luego quedamos esperanzados en que, tras haber cumplido fielmente nuestras obligaciones laborales, nuestro amo decida la mejora de nuestras condiciones laborales. Pero, de hecho, la mayor parte de nuestras vidas laborales se hayan afectadas por amenazas, chantajes, recortes, insultos, despidos o la amenaza de muerte constante en nuestros puestos de trabajo, independientemente de lo buen o mal trabajador se sea, de lo bien o lo mal que te portes con tu explotador. Aunque esto es sólo cierto para los que tenemos la suerte de encontrar a alguien al que sacrificarnos para enriquecerlo, pues quienes no lo encontramos estamos condenados a la indigencia. Pues bien, las personas que por lo motivos que sean, se hacen conscientes que su forma de vida es indigna para un ser humano, entramos en una guerra que ni hemos buscado ni hemos soñado y tan cruel que llegamos a maldecir el momento que nos hizo tomar conciencia de la condición esclava de nuestra forma de vida, de la forma de vida de la clase obrera.
De una clase obrera que además forma parte de un pueblo que también se encuentra explotado por capitales ajenos. Nuestros jugos vitales nos son extraídos mediante la sobre explotación capitalista, doblemente explotada por ser clase obrera y ser andaluza, triplemente explotada en nuestra condición de mujer y más si además llegamos aquí huyendo de la guerra y de la muerte de otros países de origen. Si tenemos que hablar de la guerra hablaremos en primer lugar de la nuestra, la de la clase obrera andaluza que de forma consciente y organizada lucha por nuestra liberación de las garras del capital y del amo que nos impuso Europa, del Estado español que en definitiva es el que permite, alienta y se enriquece de tal sobre explotación capitalista. Es decir, hablemos de la guerra que mantenemos la Infantería de la lucha por la liberación andaluza. Una guerra de liberación mantenida en el tiempo y que a principios del siglo XX adquirió un marcado carácter anticapitalista. Así, tal como Infante reclamara en su momento la tierra para el jornalero andaluz, hoy ampliamos la reivindicación a todos los sectores de la economía. Nuestra guerra, al ser de liberación, no le hemos empezado nosotras, pero la vivimos y la sufrimos y por eso tenemos dos opciones: la rendición o la redención.
Quienes aspiramos a la redención, soñamos con esa Andalucía que se describe en el artículo 1 de la Constitución andaluza de 1883 y que establece que Andalucía es autónoma y soberana, se organiza en una democracia republicana representativa y no recibe su poder de ninguna fuerza exterior. Para más adelante señalar que el objetivo de dicha soberanía es la conquista de la independencia económica de todos, del pueblo. Nuestro objetivo de vida enfrentado a muerte al objetivo del enriquecimiento capitalista que tanto sufrimiento, tantas víctimas ha dejado a lo largo de sus quinientos años de existencia. Riquezas naturales de los pueblos convertidas en recursos naturales para el enriquecimiento privado, seres humanos convertidos en recursos humanos para lo mismo. Y cuando las cuentas no salen favorables, no muestran escrúpulos para usar todo tipo de medios: genocidios, exterminios, guerras, financiación de terroristas, promoción de grupos de extrema derecha y fundamentalistas.
El nuestro es un enfrentamiento oculto, soterrado, silenciado e invisibilizado incluso a la vista de las propias víctimas la mayor parte del tiempo de sus existencias. Pero no por estar oculto, no deja de producir víctimas. En el Estado español durante estos cuarenta años de supuesta democracia, hemos perdido todos y cada uno de los derechos que conquistamos luchando contra la dictadura franquista, luchando contra el Estado. Nos creímos que ya no había que luchar contra el Estado y ahora, una vez despojados de derechos, trabajamos más horas, más intensamente y más sumisos y más sumisas. Sólo en momentos puntuales, cuando confluyen varias circunstancias, la conciencia se extiende a la mayoría de las víctimas y la guerra se visibiliza. Las herramientas de trabajo se convierten en armas y se intenta la liberación. La revolución proletaria es, en el campo de la economía, la continuación de la acción sindical por otros medios. Y así vamos en nuestra guerra, de derrota en derrota hasta la victoria final sobre el capital y la explotación capitalista de la clase obrera, de los pueblos y de la naturaleza.
A diferencia de una revolución obrera, cuyo objetivo fundamental es poner fin a las condiciones de vida indigna de la clase obrera y de todas las clases desposeídas, condenadas a la pobreza, y la construcción de una sociedad en la que los pueblos que las conformen vivan en libertad e igualdad, el objetivon de las guerras provocadas por los Estados capitalistas es la expansión de los capitales privados. El capital que no crece, desaparece. Los capitalistas acumulan capital extraído de la explotación de seres humanos y de la naturaleza y luchando entre ellos. Los capitales más fuertes se comen a los débiles. En toda la historia de la humanidad, detrás de cada guerra entre poderes estatales se esconden las luchas entre los capitales respectivos. Guerras que pueden aparentar producirse por diferencias religiosas, culturales, políticas... en esencia corresponden al mismo criterio económico. Pero a similitud de las revoluciones, entre los dos bandos uno está a la ofensiva y el otro a la defensiva. Uno es el agresor y el que responde es el agredido. Y por regla general, el agresor suele ser quien ve en peligro el crecimiento de sus capitales, el aumento de su acumulación capitalista.
Pero esta lucha entre capitales es permanente, al igual que la lucha contra la explotación capitalista. En momentos puntuales estalla ante nuestros ojos, pero la mayoría del tiempo son luchas que permanecen ocultas. Unas tras la acción sindical y otras tras la acción política, ya que la guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. De esta forma, el estallido bélico de cualquier conflicto viene precedido por un recorrido político que, llegado un momento, cuando ya los capitales en pugna no encuentran otra solución, estalla la guerra.
Con la conquista de Andalucía, su colonización y saqueo y la de las colonias europeas en América, nace el moderno sistema-mundo capitalista. Y desde entonces, en diferentes etapas de crecimiento y de menor crecimiento, debido esto último a las crisis cíclicas del propio sistema, el moderno sistema-mundo ha ido incorporando al mismo a todos y cada uno de los pueblos del planeta. Un proceso que finalizó en el siglo XIX con la incorporación de China tras ser derrotada por Inglaterra en las llamadas guerras del opio.
Expansiones territoriales siempre acompañadas de las correspondientes invasiones, guerras, saqueos, genocidios... Y desde entonces, detrás de cada conflicto bélico se esconden los intereses de las grandes potencias en lucha entre sí, convirtiendo a los pueblos y a la clase obrera afectada por el conflicto como carne de cañón.
La finalización de la Fuerra fría tras la caída del muro de Berlín supuso el final de una etapa y el inicio de otra. De la bipolaridad reepresentada por la pugna entre los EEUU y la URSSS como superpotencias mundiales, quedaron los EEUU como única superpotencia. Tras el golpe de Estado de Yeltsin, la Federación Rusa quedó a merced de las mafias y el hambre. Todas las empresas públicas se vendieron a precio de saldo y el territorio, el más rico en materias primas fundamentales para la actual revolución tecnológica, sus inmensas reservas de gas y petróleo y las posibilidades que les abre el cambio climático para el comercio marítimo, no provocaban más que el salivar de las ansias de los capitales occidentales. Por otro lado, China era una potencia sin importancia. Los capitales occidentales “emigraban” a China para asegurar y aumentar las ganancias gracias a la abundancia de una mano de obra muy barata y disciplinada. Pero a partir del año 2000 los capitales occidentales aupados por el neoliberalismo, chocaron con la planificación estatal de la economía china. La anarquía en la producció capitalista y sus ansias por apoderarse de toda la riqueza social, convertía la prestación de los servicios públicoos en negocios privados. Para lo que nunca dudaron en usar toda la violencia del Estado necesaria para conseguirlo. Así, veinte años después, nos encontramos con la hegemonía estadounidense puesta en cuestión por el crecimiento de la economía china y su imparable expansión por todo el planeta.
Así podemos explicar las masacres que las potencias occidentales han ocasionado desde el norte de África y Oriente Próximo hasta la misma frontera de la retaguardia china en Afganistán, destruyendo todos los Estados que podrían suponer un impedimento en sus objetivos. Pero tras Yeltsin vino Putin y todo cambió. Se recuperó el orgullo nacional ruso que pudo volver a actuar en el Mediterráneo y frenar la expansión norteamericana por el Oriente Próximo, participando en la guerra de Occidente contra Siria en defensa del Estado sirio, obligando al abandono de esta vía con la que Occidente pretendía alcanzar la retaguardia china, necesaria ante una hipotética guerra contra el gigante asiático. Y aunque el producto interior bruto de Rusia la coloca en el ranking mundial en el puesto décimo, continúa siendo un plato muy goloso para la avaricia occidental. Unida a la recuperación rusa para intervenciones militares, Putin despliega una brutal campaña de activación de relaciones comerciales con la Unión Europea, África y América Latina. En América, desplazando a los capitales estadounidenses desarrollando sus relaciones comerciales y diplomáticas con los gobiernos progresistas. En África, fortaleciendo sus relaciones con Argelia y, mediante tropas mercenarias, penetrando en el Sahel, consiguiendo la ruptura de las relaciones de estos países centro-occidentales africanos con Europa (Francia fundamentalmente) y haciendo que se replieguen las bandas fundamentalistas, representando el papel de verdaderos libertadores ante las poblaciones de estos países tan esclavizados por los intereses de los capitales occidentales. Y en Europa, por un lado, con cada Estado, alcanzando suculentos acuerdos comerciales para ambas partes y, por otro lado, proponiendo al conjunto de la Unión la participación rusa en sus Instituciones, logrando formar parte del Consejo de Europa.
Pero la expansión rusa en Europa fue frenada en seco por los EEUU y la propia Unión Europea, ya que el sector capitalista dominante en Europa son los capitales que basan su poder por la relación vital que mantienen con los capitales estadounidenses. En 1991 dieciséis países formaban parte de la OTAN para pasar a ser en la actualidad treinta los países que la conforman. Han ido engullendo a todos los Estados del Este europeo, tratado a tratado. Pero este frenazo de Rusia por Occidente no hace más que provocar el fortalecimiento de las relaciones con China. No hay otro camino para los capitales de Occidente que provocar a Rusia para que inicie una guerra convencional en sus fronteras, en la esperanza que con el desgaste que conlleva toda guerra poder abrir el camino hacia el saqueo de toda Rusia y, al mismo tiempo, privando a China de un socio fundamental.
Vamos a entrar ya en la materia que nos ocupa, la guerra en Ucrania. Aunque hemos creído necesario todo lo expuesto anteriormente para que se entienda lo mejor posible nuestra toma de posición en este conflicto que, ya lo hemos indicado, quienes tomamos posición somos esa pequeña fracción de clase obrera andaluza en guerra también por la liberación de nuestro pueblo y de nuestra clase.
De nuevo la guerra golpea Europa, desde que la OTAN provocara la guerra de Yugoslavia. El pasado 24 de febrero, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció el inicio de la “Operación Militar Especial”, lo que significaba la entrada de tropas rusas en Ucrania.
Pero nos tenemos que remontar a febrero de 2014, cuando la UE, EEUU y su brazo militar la OTAN, apoyaron el llamado euromaidan, suministrando desde la embajada de EEUU más de un millón de dólares diarios a los manifestantes “pacíficos” que pacíficamente mataban gente por la calle, atacaban instituciones gubernamentales y, casualidades del destino o de la financiación, mataban a rusos, comunistas y sindicalistas. El 2 de mayo de 2014 incendian el edificio sindical de Odessa, donde cuarenta y seis sindicalistas fueron quemados vivos. Ante la nazificación del Estado ucraniano promovida por Occidente, en el sur de Ucrania y con los ilegalizados comunistas a la cabeza, se autoproclamaron ocho repúblicas independientes del Estado ucraniano y se propusieron la celebración de sus respectivos referéndums. Putin desaconseja la separación, dando prioridad a la vía diplomática, y todas las repúblicas acceden salvo las de Donetsk y Lugansk, quienes se plantearon que Putin no era nadie para decirles qué hacer. Las dos nuevas repúblicas de la región del Dombass se alzaron contra gobierno nazi del Estado ucraniano y proclamaron su independencia el 7 de abril y el 28 de abril de 2014 respectivamente. El mes anterior se organizó en Crimea un referéndum para su separación de Ucrania y anexión a Rusia, en el que participó el del 83% de la población de la que el 95.77% lo hizo a favor de la anexión a Rusia.
Ucrania no se quedó parada y empezó una guerra civil contra la región del Dombass, haciendo un verdadero genocidio contra la población civil indefensa, produciendo más de 13000 víctimas, de ellas 10000 son civiles, con el beneplácito de Occidente suministrando armas y financiación para el genocidio. Pero fueron la posibilidad de la entrada en la OTAN y en la Unión Europea, ya con un régimen a fin a los intereses de Occidente, cuando el Estado ruso reacciona y el 24 de febrero de 2022 inicia la invasión de Ucrania.
Sorprende la insistencia de entrar en la OTAN del gobierno ucraniano, cuando era un secreto a voces que Rusia no lo iba a permitir, estuviera al frente del Estado quien estuviera. El sentimiento nacionalista es muy fuerte en Rusia. De hecho, a la II Guerra Mundial la llaman la Gran Guerra Patriótica. Putin consiguió encauzar ese sentimiento y en estos momentos goza de un 80% de popularidad. Por otro lado, después de las sanciones impuestas por la adhesión de Crimea aprendieron la lección. En este sentido, durante la celebración de los Juegos Olímpicos, se produjeron negociaciones donde se acordó la compra por parte de China, de todo el gas y todo el petróleo que Rusia pudiera producir. También en previsión de la expulsión de Rusia del sistema interbancario financiero mundial, creó el suyo propio y lo ha unido al chino tomando al Euro como moneda de intercambio. Algo que intentaron Chaves y Gadafi sin éxito, pero que es un disparo certero en toda la línea de flotación de la economía norteamericana. De hecho, las sanciones contra Rusia afectarán más a la economía europea, sobre todo a la parte que mantiene relaciones comerciales con los capitales rusos, que a la propia Rusia.
También es difícil de entender cómo un país como el ucraniano se atreve a vacilar a Putin cuando Ucrania ocupa el puesto 52 por su aportación al PIB mundial, mientras que el Estado español que ocupa el puesto 14 de ese ranking consiente al narco-Estado marroquí todo tipo de atropellos. Los países que entran en la OTAN no lo hacen en acto de soberanía sino todo lo contrario. El Estado español en los inicios de la Transición se integró en el Movimiento de Países no Alineados, alternativa a la OTAN y al Pacto de Varsovia. Suárez se niega a entrar en un momento que los EEUU necesitaban reforzar el vientre blando de Europa. Anteriormente colaboró con el derrocamiento de las dictaduras de Grecia y Portugal y facilitó la Transición española con voladura del presidente del gobierno franquista incluido. Dimisión de Suárez, moción de investidura de Calvo Sotelo, pero no estaba claro el resultado así que entra Tejero en el Parlamento durante las votaciones, varios disparos al techo y sale elegido. El hecho más significativo de este señor fue meter al Estado español en la OTAN.Son los EEUU quienes permiten o impiden la entrada de los países en la estructura de su brazo armado mundial, la OTAN. El peligro para Rusia no proviene de la voluntad del gobierno ucraniano de entrar en esa estructura militar, sino el interés de los EEUU para que ingrese aun sabiendo que Rusia no lo permitiría bajo ninguna circunstancia. Pero al mismo tiempo es la única solución que los capitales occidentales tienen antes de sucumbir ante la expansión imparable de los capitales chinos. Para los EEUU y todo el capitalismo occidental ya no les valen la “ley del mercado” tan sacralizada cuando eran capitales hegemónicos. Antes de dejar de serlo, la guerra es la única salida.
Y por terminar este punto, aunque podríamos extendernos por otros aspectos. Si la guerra no ha acabado aún con la victoria de Rusia es por no usar los mismos métodos que usa Occidente en sus invasiones y guerras. La relación de fuerzas entre ambos ejércitos haría posible una invasión rápida, de días, al menos de la parte oriental del país. Sólo el cuidado para evitar el mayor número de víctimas posibles hace que el avance ruso sea lento, ciudad por ciudad, calle a calle. Sobre todo, por el uso que el ejército ucraniano, nazificado con la financiación y adoctrinamiento de la OTAN, hacen de la población civil convertida en escudos humanos.
De vuelta a nuestro infierno, a nuestra guerra, a la lucha de clases, a las pateras, a las filas del paro, del hambre, a las jornadas bajo plásticos, al desahucio, a ser pobre, aunque seas asalariado. Sin nosotras el capital no circula, no se ejecuta, no se realiza. Movemos el mundo con la prestación de nuestros servicios profesionales, mientras que enriquecemos a nuestros explotadores. Y bajemos un poco más al centro neurálgico del infierno, su sala de máquinas, a lo que no se ve. Los asalariados que entran allí son los que crean ese capital que luego circula y alimenta todo el sistema pues, en su prestación de servicios, entregan sus propias vidas. Vidas humanas a disposición del capital. Aquí la vida de la clase obrera es traspasada a los objetos que produce. La fuente de todo valor, de toda riqueza que es arrancada de nuestros cuerpos, yace acumulada en forma de valores en los fríos sótanos de las entidades bancarias, sirviendo de garantía para la circulación de los capitales desde las cuentas corrientes de las grandes fortunas.
Nos decían que la humanidad dedicaría menos tiempo al trabajo y más a desarrollar la propia vida gracias a los adelantos tecnológicos y el crecimiento económico. Sin embargo, en lugar de aumentar nuestro tiempo de vida lo que han aumentado son las diferencias sociales. También ha aumentado la posibilidad de aumentar algunos salarios, minoritarios en relación a todo el grueso de la clase obrera mundial, para convertir a sus beneficiados en esquiroles al servicio del capital. Sin la acción sindical ya hace tiempo que nos hubiéramos convertidos en una masa amorfa de carne humana. Batalla a batalla, en algunas con éxito, vamos avanzando hasta la victoria definitiva. Con denuncias, movilizaciones, huelgas... vamos arrancando algunos derechos. También nos hemos demostrado que podemos producir sin explotadores, sin patronos, tanto por la economía cooperativa como por la toma de las fábricas y puestas a producir por los obreros. Pero también sabemos que estos pequeños avances no son significativos, no tuercen el camino de la explotación capitalista, sino que son asumidos por el sistema para mantener sus fuentes de ganancias, la explotación humana y de la naturaleza.
Sólo desde el poder político para la defensa de los intereses de la clase obrera, se pueden mantener y extender los avances sociales al conjunto de la sociedad. Conseguir en una fábrica una reducción de jornada es una victoria de la lucha sindical. Conseguir una ley con esta reducción de jornada para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras es una victoria de la lucha política. El Sindicato Unitario de Andalucía es un sindicato de clase porque encabezamos estos dos frentes de lucha: en el campo de la economía la lucha por la mejora de nuestras condiciones de vida y trabajo inmediatas y el control, organización y dirección de la producción; y en el campo político la lucha para acabar con la esencia de esas condiciones de vida y trabajo en el capitalismo, para acabar con la explotación humana y de la naturaleza. Los sindicatos de clase nos convertimos así en la palanca para la victoria política que tiene por objetivo el triunfo definitivo de la clase obrera frente a sus explotadores, el triunfo de la Vida. Una victoria política anticapitalista que debe tener en cuenta también las relaciones políticas internacionales en tanto que los capitales que nos explotan, también se enriquecen con sus guerras de rapiña contra otros pueblos, contra nuestros hermanos y hermanas de clase de otros países. La clase obrera también fabricamos las armas con las que nos matan.
La liberación de la clase obrera sólo es posible si a la vez se libera el conjunto de la sociedad, dando fin a los privilegios de unas naciones sobre otras, a unas clases sobre otras y dando fin a todo tipo de discriminaciones de género, de procedencia, de orientación, de religión, de ideología... La liberación de la clase obrera no será posible si a la vez no son liberados los pueblos que también son explotados por los mismos capitales. Un pueblo como el nuestro, Andalucía, convertido en botín de guerra desde que fuimos conquistados y se quedaran con todo y al que también han convertido en plataforma de guerra contra otros pueblos hermanos (tenemos nuestra geografía regada de bases militares norteamericanas, británicas y españolas) y convertida, por lo anterior, en diana de guerra.
En estas condiciones descritas, en el marco de la guerra que se desarrolla en Europa y otros confines del mundo, ante los continuos ataques contra nuestros derechos y conquistas, en las actuales condiciones para la lucha por la liberación que están dadas en nuestro pueblo, el Sindicato Unitario de Andalucía inscribe en su pancarta de cabecera el siguiente lema:
- Por un marco andaluz y democrático de relaciones laborales: No a las reformas laborales.
Andalucía, 20 de marzo de 2022
Secretaría Federal Colegiada

El 1º de mayo no es una fecha cualquiera en el calendario. Es, ante todo, un recordatorio incómodo: todo lo que la clase trabajadora ha conquistado lo ha hecho luchando. Nada fue regalado. Y nada será regalado. En Andalucía, esta afirmación no es una consigna abstracta, sino una realidad cotidiana. Vivimos en una tierra rica en recursos y en capacidad humana, pero empobrecida por un modelo económico que nos sitúa en una posición subordinada: salarios bajos, precariedad estructural, dependencia productiva y un mercado laboral marcado por la temporalidad y la inseguridad. Desde la perspectiva del Sindicato Unitario de Andalucía, esto no es casual. Es la consecuencia lógica de un sistema —el capitalismo— cuya base es la extracción de plusvalía, es decir, la apropiación del trabajo ajeno por parte de la minoría que ostenta el poder económico y que, por ello, controla y dirige los demás poderes del Estado. En ese marco, Andalucía funciona como una colonia interna: produce riqueza, pero no la retiene. Esta realidad ya fue intuida, desde otras coordenadas históricas, por figuras como Fermín Salvochea y Blas Infante. Salvochea, desde su práctica revolucionaria y municipalista, entendió que la cuestión social no podía separarse de la vida concreta de la clase obrera. Su defensa de la justicia social, de la redistribución y de la dignidad de los más humildes no era teórica: era una forma de acción política directa frente a un orden injusto. En su experiencia, especialmente durante el cantonalismo andaluz, aparece una idea clave: sin transformación de las condiciones materiales de vida, no hay libertad real. Por su parte, Blas Infante vinculó la cuestión social con la cuestión nacional andaluza. Identificó que la situación de Andalucía no era solo económica, sino también política: una tierra subordinada, cuya riqueza era sistemáticamente apropiada desde fuera. Su pensamiento señala un punto de conexión fundamental con el análisis marxista: la necesidad de que los pueblos controlen sus propios recursos para poder garantizar justicia social. Hoy, esa doble lectura —social y territorial— sigue plenamente vigente. Y no solo en los centros de trabajo, sino también en el escenario internacional. Las guerras actuales no pueden entenderse al margen de los intereses económicos que las sostienen: control de recursos, mercados, rutas estratégicas. Mientras los pueblos ponen los muertos, el capital acumula beneficios. Y esa dinámica también nos afecta aquí. Andalucía forma parte de esa geografía del capital: bases militares, infraestructuras al servicio de estrategias externas, y una economía vulnerable a las decisiones de actores que están muy lejos de nuestra realidad. Pero si hay una expresión especialmente cruda de esa violencia estructural que convierte a seres humanos en recursos humanos, es la siniestralidad laboral. En Andalucía mueren, de media, dos trabajadores a la semana en accidentes laborales. No estamos ante hechos aislados ni inevitables. Estamos ante consecuencias directas de un modelo productivo que prioriza el beneficio sobre la vida. Falta de medidas de seguridad, ritmos de trabajo intensivos, externalizaciones, precariedad… todo ello configura un entorno donde trabajar puede costar la vida. Las cuatro muertes en el primer trimestre del año por accidentes laborales en Huelva no son una excepción. Es parte de un patrón. Nombrarlo es importante. Porque frente a la lógica deshumanizadora del sistema, que convierte las vidas en estadísticas, el movimiento obrero tiene la tarea de devolverles su dimensión concreta: eran compañeros, tenían nombres, historias, familias. Y sus muertes interpelan directamente a las condiciones en las que se organiza el trabajo. En este punto, la ética política de Salvochea vuelve a ser pertinente: no hay justicia posible si se tolera el sufrimiento evitable de la mayoría. Y, en clave andaluza, también resuena la denuncia de Infante sobre una tierra donde las condiciones de vida de su pueblo han sido históricamente subordinadas a intereses ajenos. En este contexto, las luchas actuales en Andalucía adquieren una importancia central.El actual conflicto de los compañeros del metal en Cádiz es un ejemplo claro. Es la expresión de una clase trabajadora que se niega a aceptar la pérdida constante de derechos, que se organiza y que confronta a la patronal y al sindicalismo de concertación. Su capacidad de movilización conecta con una larga tradición de lucha en la Bahía, donde la conciencia obrera ha sido históricamente un elemento de resistencia. No es casual que Cádiz, tierra de Salvochea, siga siendo hoy un referente de combatividad obrera. Del mismo modo, la situación de clase jornalera en revela otra cara del mismo sistema. La agricultura intensiva, uno de los pilares económicos de la región, se sostiene en gran medida sobre condiciones laborales y de vida que no cumplen unos mínimos de dignidad: jornadas extenuantes, salarios bajos. Considciones indignas que se convierten en condiciones de esclavitud en el sector de la clase jornalera andaluza víctimas de las mafias del tráfico de personas, a los que la Patronal no duda en usar en cualquier momento, recluidos en asentamientos sin servicios básicos y trabajando sin ningún derecho. Aquí el capital opera mediante una doble explotación: económica y social. Utiliza la vulnerabilidad administrativa y la exclusión para imponer condiciones que serían más difíciles de aplicar a otros sectores de la clase trabajadora. Esta realidad interpela directamente al ideal de justicia social que tanto Salvochea como Infante defendieron, cada uno desde su perspectiva: una sociedad donde la dignidad no dependa del origen, la condición o la posición económica.Por eso, cualquier planteamiento sindical que aspire a ser transformador debe partir de una premisa clara: no hay clase trabajadora de primera y de segunda. La división solo beneficia al capital. Desde el sindicalismo de clase que representa el Sindicato Unitario de Andalucía, la tarea es precisamente la contraria: construir unidad. Unidad entre sectores. Unidad entre territorios. Unidad entre trabajadores autóctonos y migrantes. Porque la fragmentación es una de las principales herramientas de dominación del capitalismo. Ahora bien, la unidad por sí sola no es suficiente. Debe ir acompañada de organización y de lucha. La experiencia histórica del movimiento obrero demuestra que los derechos no se consolidan mediante la mera negociación, sino a través de la presión organizada. La huelga, la movilización y la acción colectiva no son anomalías: son mecanismos fundamentales de equilibrio frente al poder del capital. En este sentido, el sindicalismo no puede limitarse a gestionar lo existente. Tiene que aspirar a transformarlo. Eso implica plantear alternativas: control social de los sectores estratégicos, garantía de condiciones laborales dignas, acceso universal a la vivienda, fortalecimiento de los servicios públicos. Pero, sobre todo, implica cuestionar las bases mismas de un sistema que convierte la vida en mercancía. En términos que hoy podríamos releer tanto desde Marx como desde Infante, se trata de avanzar hacia una sociedad donde la riqueza producida colectivamente revierta en la mayoría social y donde los pueblos dejen de estar subordinados a intereses externos. El 1º de mayo, por tanto, no es solo una jornada reivindicativa. Es también un momento de clarificación. Frente a un modelo que genera precariedad, desigualdad y violencia —tanto en forma de guerras como de siniestralidad laboral—, la respuesta no puede ser individual. Solo puede ser colectiva. Organizarse no es una opción ideológica. Es una necesidad material. Y en Andalucía, esa necesidad es urgente. Porque aquí, más que en otros lugares, se cruzan todas las contradicciones del sistema: dependencia económica, precariedad laboral, explotación agraria, uso estratégico del territorio y una larga tradición de lucha obrera. Esa tradición no es un recuerdo. Es una herramienta. De Salvochea a Infante, de las luchas jornaleras a los conflictos actuales, hay un hilo común: la dignidad no se concede, se conquista. Y el 1º de mayo es un buen momento para recordarlo: la historia no la escriben quienes se adaptan, sino quienes se organizan y luchan. Esa sigue siendo la tarea.

Estimadas compañeras y estimados compañeros: Desde el Sindicato Unitario de Huelva queremos trasladaros nuestra profunda consternación y dolor ante el reciente fallecimiento de un trabajador del sector del metal en nuestra provincia, como consecuencia de un accidente laboral. Este trágico suceso vuelve a poner de manifiesto la grave problemática de la siniestralidad laboral, que continúa cobrándose vidas obreras de forma intolerable. Entendemos que este hecho no puede quedar en el silencio ni en la resignación. La muerte de un trabajador en su puesto de trabajo es una cuestión que interpela al conjunto de la clase trabajadora y exige una respuesta firme, unitaria y visible por parte de las organizaciones sindicales. Por todo ello, desde el Sindicato Unitario apoyamos la propuesta de la familia de nuestro compañero Mariano Álvarez Rodríguez a la convocatoria de concentración, con el objetivo de: Mostrar nuestra solidaridad con la familia, amistades y compañeros del trabajador fallecido. Denunciar públicamente esta muerte laboral. Exigir el esclarecimiento completo de los hechos y la depuración de responsabilidades. Reivindicar condiciones de trabajo seguras y dignas para el conjunto de la clase trabajadora. Reclamar medidas efectivas que pongan fin a esta lacra de la siniestralidad laboral. Consideramos fundamental ofrecer una respuesta unitaria del movimiento sindical, que esté a la altura de la gravedad de lo ocurrido y que contribuya a visibilizar la necesidad urgente de reforzar la prevención de riesgos laborales y la defensa de la vida y la salud de las personas trabajadoras. Viernes 20 de marzo, en la puerta principal de NATURGY desde las 14,00 a las 16,00 horas. Polígono Nuevo Puerto, calle A

La liberación de la explotación capitalista es tarea común de la clase obrera de todos los pueblos del mundo. Y las guerras provocadas por los Estados capitalistas, no solo fracturan la unidad necesaria para llevar a cabo dicha tarea sino que, aunque parezcan luchas entre naciones, solo son instrumento para la defensa de los intereses del capital. En estos momentos, esos intereses están sembrando de cadáveres de miles de trabajadores y trabajadoras las calles de las ciudades de nuestros pueblos hermanos del Mediterráneo. Entonces, si la liberación de la clase obrera andaluza requiere su unión consciente con los pueblos explotados del Mediterráneo, ¿cómo podrá realizarse mientras Andalucía continúe subordinada a una política exterior y militar que no responde a nuestras necesidades históricas —tierra, trabajo, soberanía, desarrollo industrial propio— sino a estrategias geopolíticas dictadas por centros de poder ajenos? Andalucía ha sido históricamente integrada en el capitalismo como periferia agraria, exportadora de materias primas, mano de obra barata y espacio logístico-militar. Sus puertos, su litoral y su posición estratégica en el Estrecho no han sido utilizados prioritariamente para articular un desarrollo autónomo al servicio de su pueblo, sino como piezas de un engranaje mayor: rutas comerciales controladas por grandes navieras, bases militares al servicio de alianzas armadas, enclaves turísticos orientados a la captación de renta externa. En el actual contexto de guerra global —guerras abiertas, tensiones en el norte de África, militarización del Mediterráneo oriental, control energético y migratorio— Andalucía vuelve a situarse en la frontera geopolítica. Pero esa centralidad estratégica no se traduce en soberanía popular, sino en mayor dependencia: incremento del gasto militar, consolidación de infraestructuras logísticas para la guerra, subordinación energética y alimentaria, y utilización del territorio como plataforma de proyección exterior. Frente a ello, cabe una primera crítica necesaria a quienes, invocando la seguridad, la estabilidad o la pertenencia a bloques internacionales, defienden a toda costa la participación del Estado español en esa dinámica de confrontación permanente. Su posición parte de un presupuesto falso: que la integración militar y la alineación automática con potencias dominantes garantizan prosperidad y protección. En realidad, consolidan la condición periférica de Andalucía, convierten su territorio en pieza imprescindible de una estrategia global y subordinan las prioridades sociales a los dictados del complejo militar-industrial y financiero. Nos quieren hacer creer que con la defensa (con nuestras economías, con nuestras vidas) de los intereses del capital transnacional, defienden el interés general. No son los intereses del jornalero, del trabajador portuario, del precariado turístico o del pequeño productor agrícola los que determinan estas orientaciones. Son los del capital transnacional, las industrias de defensa, las grandes distribuidoras alimentarias y los fondos de inversión que capturan la renta agraria y urbana. La guerra y la tensión permanente en el Mediterráneo elevan el precio de la energía, encarecen los alimentos, precarizarán aún más el empleo y legitiman políticas de excepción que refuerzan el control social. Al mismo tiempo, los pueblos de la otra orilla —Magreb, Oriente Próximo, Mediterráneo oriental— sufren las consecuencias más devastadoras: intervenciones, bloqueos, economías destruidas, migraciones forzadas y muertes. Y sin embargo, esos trabajadores y trabajadoras no son enemigos objetivos del pueblo andaluz, sino parte de la misma cadena de explotación que articula el capitalismo euro-mediterráneo. Aquí se impone una segunda crítica a quienes, proclamándose pacifistas o contrarios a la guerra, limitan su oposición al plano moral mientras preservan intactas las bases económicas que la generan. Rechazar la guerra sin cuestionar la lógica de acumulación capitalista que convierte territorios en plataformas estratégicas y pueblos en recursos descartables equivale a combatir los efectos y proteger la causa. La competencia interimperialista, la búsqueda de mercados y la apropiación de recursos no son anomalías del sistema; son su dinámica constitutiva. No habrá paz estable mientras persista un modelo basado en la explotación estructural y la desigualdad entre centros y periferias. Y una última crítica para quienes proclamaron en su momento ""OTAN, de entrada, NO" y ahora repiten el "No a la Guerra". A los mismos que hicieron lo posible y lo imposible para mantenernos vinculados a aquella organización criminal internacional. A los mismos que nos han involucrado en guerras como en Agfanistán, Yugoslavia, Libia, Ucrania... invocando el Derecho Internacional. Es decir, por el derecho que definía el Orden Mundial elaborado y ejecutado por las potencias capitalistas tras la II Guerra Mundial. Estos son los del Sí a las guerras legales, a las guerras que vienen a defender los intereses de las potencias capitalistas frente a los de los pueblos y la clase obrera. Hoy que, por lo que sea, defienden un orden mundial que está condenado a pasar al basurero de la historia por las conquistas sociales y económicas de la República Popular China conducida por su partido comunista. La clase obrera andaluza tiene, por tanto, una tarea histórica doble. Primero, desvelar el carácter de clase de la política exterior que convierte su territorio en plataforma militar y su economía en engranaje subordinado. Y segundo, tejer una alianza consciente con los pueblos mediterráneos explotados, basada en intereses materiales comunes: soberanía, control público de la energía, política de defensa armada, cooperación productiva sur-sur, defensa de los derechos laborales frente a la competencia a la baja impuesta por el capital. La vigilancia crítica de los acuerdos militares, de las inversiones estratégicas, de los tratados comerciales y de las políticas migratorias no es un asunto diplomático abstracto. Es parte de la lucha por el pan, la tierra y el trabajo en Andalucía. Cada euro destinado a la carrera armamentística es un euro sustraído a la reindustrialización, a la transición ecológica justa, a la educación y a la sanidad públicas. Reivindicar los intereses históricos de la clase obrera andaluza significa la afirmación de un internacionalismo mediterráneo desde abajo: el de los pueblos que comparten explotación estructural frente a centros de acumulación externos. La verdadera frontera no separa continentes; separa clases sociales. Una política exterior coherente con los intereses del pueblo andaluz exigiría prioridad a la cooperación económica equitativa con los pueblos del sur, defensa de los derechos humanos sin doble rasero y ruptura con la lógica de bloques que convierte el Mediterráneo en teatro permanente de confrontación. La lucha por esta orientación forma parte orgánica de la lucha general por la liberación de la clase obrera en Andalucía y en todos los pueblos oprimidos y explotados del Mediterráneo. Porque ningún pueblo periférico se libera aislado, y ningún trabajador gana con la guerra que enriquece a sus explotadores. Trabajadores y trabajadoras del Mediterráneo, uníos.

No sería la primera vez que el Sindicato Unitario solicita la participación de MOEVE (antes CEPSA Refinería La Rábida) en la mesa de negociación del convenio colectivo del sector de montajes. Siempre hemos considerado que son las empresas de todo el Polo Químico, encabezadas por MOEVE, las que deciden lo que pueden y lo que no pueden firmar los empresarios del metal en la negociación colectiva. Son “el negociador fantasma”: invisibles y silenciosos, pero siempre presentes, sin necesidad de invocaciones ni ritos estrafalarios. Y es lógico. En función de los costes laborales que surjan de la negociación, así tendrán que pagar más o menos a las empresas contratistas del metal por sus servicios. Sus objetivos económicos dependen de muchos factores, pero uno de los fundamentales es el coste de la mano de obra. Es decir, del precio que tendrán que pagarnos para que aceptemos dejar de ser seres humanos y pasar a ser simples recursos humanos, utilizados para su enriquecimiento con nuestro trabajo y con nuestras vidas. Como es de esperar, los representantes empresariales del montaje, siempre en defensa de sus principales clientes, niegan que la Asociación de Industrias Químicas, Básicas y Energéticas de Huelva tenga competencia alguna en la negociación colectiva del metal. Más adelante volveremos a esta cuestión. La negociación se iniciaba a principios de 2025 con unas propuestas, a defender frente a la patronal, acordadas entre todos los sindicatos participantes. Sin embargo, conforme se iba desarrollando la negociación y se avanzaba en posibles acuerdos, se incrementaba el malestar de los trabajadores, que veían dichos acuerdos muy por debajo de las expectativas iniciales. A ello se sumaba la ira acumulada tras tantos años de condiciones laborales que dejan mucho que desear, ya que, pese a que el convenio otorga numerosas facilidades a la patronal para cubrir todos los servicios necesarios a sus clientes, es habitual el incumplimiento de lo pactado o de cualquier normativa de aplicación. Son numerosas las denuncias y demandas que interponemos por reclamación de cantidades e, incluso, por delitos contra la libertad sindical. Los trabajadores recogieron más de mil firmas para solicitar que los sindicatos participantes en la negociación convocaran una asamblea informativa sobre el transcurso de la misma. Al no ser atendida dicha solicitud, el Sindicato Unitario convocó a sus afiliados, delegados y a todos los trabajadores del metal a una asamblea en la que se tomó la decisión de convocar una huelga de 24 horas, días antes de la fecha prevista para la firma del convenio entre la patronal y la mayoría absoluta de los representantes sindicales en la mesa de negociación. Fue tan contundente la respuesta de los trabajadores a la convocatoria de la huelga del pasado 24 de noviembre que podemos afirmar que el paro fue total. Como consecuencia, se recuperó la unidad sindical, no se procedió a la firma prevista y se ajustaron las propuestas sindicales en la negociación conforme a lo decidido por los trabajadores. A pesar de ello, los trabajadores no bajan la guardia y deciden, en asambleas espontáneas, dejar de realizar horas extraordinarias, lo que enciende todas las alarmas: la patronal podía soportar un día de huelga, pero no puede soportar un solo día sin que realicemos horas extras. Los trabajadores de las contratas en MOEVE son las primeras en recibir ciertos rumores como: rescisión de contratos, advertencias a quienes aparecen en los vídeos de la huelga porque el cliente puede pedir su cabeza, etc. Estas son las propuestas que teóricamente lanza el negociador fantasma a las contratas. Tanto es así que el Sindicato Unitario ha convocado nuevamente huelga, pero en esta ocasión fuera de la jornada laboral legal, para la no realización de horas extraordinarias ni cambios de jornada que dependan de la voluntad del trabajador, con carácter indefinido hasta la firma del convenio, con el objeto de impedir actuaciones empresariales destinadas a dejar sin eficacia las medidas de presión que la ley establece para la defensa de los intereses de los trabajadores y trabajadoras. Lo que ha conseguido el negociador fantasma es echar más leña al fuego. Recientes asambleas han anunciado la convocatoria de nuevas huelgas, más contundentes, con la participación de todos los sindicatos, así como otras medidas a adoptar en los centros de trabajo donde, a principios de año, se negocian los calendarios y la adscripción de voluntarios a guardias y retenes. Ahora nos amenazan afirmando que estas medidas pueden ser ilegales y que así lo están estudiando con sus asesores. Por nuestra parte, llevamos ya tiempo asesorados sobre la sombra de ilegalidad en la que se asientan vuestros contratos mercantiles entre contratistas y contratas. Quizá muchos de los trabajadores de las contratas del Polo Químico de Huelva podrían estar afectados por los convenios colectivos de las empresas contratistas. Esperamos que el negociador fantasma haga una de estas dos cosas: o se presente físicamente, cara a cara, en la negociación; o que, si por algún motivo no tiene las suficientes agallas para dar la cara, abandone para siempre su intervención en el convenio del metal. Las ganancias obtenidas por las empresas, así como las que se anuncian con el actual proceso de inversiones y ampliaciones, confirman lo que los trabajadores llevamos años denunciando: dinero hay, y mucho. Lo que no hay es voluntad de repartir la riqueza que generamos. Ha llegado el momento de recuperar íntegramente el poder adquisitivo robado durante años, en los que todas vuestras crisis, reestructuraciones y ajustes han recaído sistemáticamente sobre nuestras espaldas, nuestra salud y nuestras vidas. Y para más inri, todo esto ocurre en un contexto de fuertes inversiones en hidrógeno verde, presentadas como el futuro industrial de Huelva y como un supuesto ejemplo de sostenibilidad y progreso. Un modelo que, en realidad, vuelve a reproducir el mismo esquema de siempre: capitales extranjeros que multiplican sus beneficios de forma exponencial mientras dejan en esta tierra únicamente precariedad, subcontratación, salarios de miseria y derechos recortados. Pretenden convertir a Huelva en un referente mundial de la nueva energía, pero a costa de seguir explotando a quienes levantan y mantienen esas industrias. No aceptamos que el “progreso” se construya sobre jornadas interminables, horas extras forzadas, amenazas, chantajes y miedo. No aceptamos que se nos venda modernidad mientras se nos condena a condiciones laborales del siglo pasado. La clase obrera andaluza no está dispuesta a seguir pagando este modelo de saqueo. Si quieren beneficios récord, inversiones millonarias y estabilidad productiva, tendrán que aceptar también salarios dignos, derechos reales y respeto. Y si el negociador fantasma insiste en seguir actuando desde la sombra, encontrará enfrente a unos trabajadores organizados, conscientes y dispuestos a llegar hasta donde haga falta.

Camaradas: Un grupo de cinco trabajadores de la empresa DUPLACH (Villa del Río, Córdoba), tomaron la decisión de afiliarse al Sindicato Unitario de Córdoba para luchar por la mejora de sus insoportables condiciones de trabajo. Duplach emplea a un centenar de trabajadores para la fabricación de platos de ducha en sus instalaciones en el límite de los términos municipales de Lopera (Jaén) y Villa del Río (Córdoba) y ocupa una extensión de 4.500 metros cuadrados. Dicen que su principal objetivo es lograr la mejor de sus productos y servicios que consiguen debido a la seriedad y puntualidad de sus trabajadores cuyas tareas y responsabilidades se centran en complacer a cada uno de sus clientes. Y que por estos motivos, venden sus productos en Europa, Estados Unidos y Asia. Fundada en 2010, ha sufrido dos incendios. El primero en 2019 que redujo a cenizas todas las instalaciones y un trabajador de 29 años tuvo que ser trasladado al Reina Sofía de Córdoba por quemaduras en la cara. El segundo incendio se produjo en 2024 y solo afectó a una nave de almacenamiento de productos químicos de unos 400 metros cuadrados, sin ocasionar daños personales. Como podemos deducir, el cuidado por la seguridad de las instalaciones y de la vida de los trabajadores no será tan prioritario para la empresa como satisfacer a todos y cada uno de sus clientes. De hecho, los trabajadores vieron la necesidad de organizarse para la mejora de sus condiciones de trabajo y de vida que las relataban de la siguiente forma: - De 9:30 a 11 horas de trabajo. - Recuperan la media hora de descanso. - Obligados a trabajar los fines de semana a 8€/hora. - Cuando no les dan la semana de vacaciones pagan por debajo de lo correspondiente. - Horas extras no pagadas. - Cuando las pagan, las pagan a 8€/hora. - Sanciones arbitrarias. - No tienen asuntos propios. - No daba todos los días correspondientes a los permisos retribuidos (matrimonio, paternidad/maternidad, etc.). - Amenazas con sanciones y/o despidos. - Presión laboral por parte de superiores. - Algunos contratos son de menos horas de los que trabajan. - No cobran lo que le viene en nomina. - No dan permiso por hospitalización de faniliar, se lo quitan de vacaciones o económicamente. - Sanciones económicas. - Solo vacaciones en verano. - Les deben vacaciones de años anteriores. - No saben las vacaciones a primeros de año, se las comunican unas semanas antes. - Hacen firmar recibí de EPIS sin entregarlos. - Falta de EPIS y de seguridad laboral. - Contratos que no se ajustan al puesto de trabajo. Tras varias conversaciones en el Sindicato Unitario de Córdoba se tomó la decisión de constituir una sección sindical a la que se fueron afiliando numerosos trabajadores y trabajadoras. Se procedió a convocar una asamblea de afiliados y afiliadas para tal fin y la empresa procedió al despido fulminante de quienes creía que eran los cabecillas. A continuación todos los demás afiliados y afiliadas procedieron a darse de baja voluntariamente del sindicato. Según la carta de despido, el motivo de los despidos fueron: - Bajada de productividad: Pero ¿bajada con respecto a qué o a quién? Sin justificantes ni comparativas de meses anteriores ni con compañeros que desempeñaban el mismo trabajo. - Desaparición del puesto: Sin justificación de la supresión del puesto que se ha mantenido hasta nuestros días. Unos meses después de los despidos, otro trabajador se pone en contacto con los recursos humanos de la empresa y les dice que se ha afiliado al Sindicato Unitario y, a continuación, les reclamaba algunas deficiencias de seguridad en la empresa. Al día siguiente no le dejaron ni abrir la taquilla. Otro fulminante despido. Y a pesar de los despidos, los aplazamientos del juicio, casi 2 años para que se haga justicia, y la persecución judicial a la que nos está sometiendo la empresa, con demandas por lo penal a los trabajadores despedidos y a las organizaciones que les han apoyado (Sindicato Unitario de Andalucía y Nación Andaluza), nos dicen que siguen fuertes y unidos, con ganas de luchar por la justicia y la clase obrera. Y que “no nos van a amedrentar”. Efectivamente, además de los despidos, la empresa nos demanda por la vía penal al Sindicato Unitario de Andalucía y a Nación Andaluza y nos piden varios miles de euros por hacer videos, concentraciones y manifestaciones en solidaridad con nuestros afiliados. Ya hemos acudido a unas nueve conciliaciones en las que no hemos reconocido los hechos que nos quieren imputar. Según el dueño, gerente y amo, en la empresa no hace falta organización sindical de los trabajadores pues ya cuentan con un buzón de sugerencias donde todos sus trabajadores pueden hacerles llegar todo tipo de sugerencias. Camaradas: este es uno de esos momentos en los que todos seamos uno. Para el próximo 1 de octubre hemos convocado una manifestación en Villa del Río (Córdoba), con salida en las puertas de la fábrica y finalización en la plaza del Ayuntamiento, para lo que os hacemos el llamamiento de participar en la misma a toda la afiliación que le sea posible (habrá coches y/o autobús). El objetivo: Denunciar públicamente la falta de libertad sindical en Duplash, mostrar nuestra solidaridad con los despedidos y advertir que no pararemos hasta que se respeten todos los derechos laborales en la empresa, la readmisión de los despedidos y el desestimiento de las demandas contra las organizaciones que les han apoyado.. Nos necesitamos todos en Villa del Río el próximo 1 de Octubre. Salud. Andalucía, 24 de septiembre de 2025 Secretaría Federal Colegiada

AUDECA S.L. es la concesionaria del servicio de limpieza viaria en Ayamonte. La empresa forma parte del GRUPO ELECNOR que obtuvo un beneficio de 50,15 millones de euros en el primer semestre de este año, lo que supone multiplicar por dos (+100,6%) las ganancias. Los trabajadores de AUDECA realizan servicios profesionales de gestión de residuos, limpiezas viarias, mantenimiento y conservación de infraestructuras a través de contratos con ayuntamientos y otros organismos y administraciones públicas. Es decir, es una de esas empresas que sin producir, generan beneficios. Son empresas parásitas que, como en Ayamonte, se enriquecen con los recursos públicos de los vecinos y vecinas, mientras que explotan a los ayamontinos que tienen contratados. Hemos solicitado la intervención del que se supone responsable y jefe de todos los servicios públicos, el alcalde, y nos dice que no tiene responsabilidad en el asunto. Por otro lado, el Tribunal de Cuentas ha emitido varios informes en los que plantea que la gestión municipal de los servicios públicos es más económica y de mayor calidad que la gestión privada de los mismos. Entonces ¿para qué se mantiene privatizado este y otros servicios públicos en nuestra ciudad? Ya sabemos que la empresa privada gana y lo trabajadores y los residentes ayamontinos perdemos. Y ahora sabemos, además que cuando la dirección de la empresa comete un error administrativo se lo hacen pagar, y caro, a los trabajadores. Hemos convocado una concentración de delegadas y delegados del Sindicato Unitario de Ayamonte a las puertas del Ayuntamiento el pasado día 31 de julio en solidaridad con el compañero despedido y para dar a conocer el caso a vecinos y vecinas. Al poco de comenzar el acto, se nos acerca el alcalde, Alberto Fernández, que mantiene una conversación con el afectado en presencia de representantes del Sindicato Unitario, miembros de la Corporación Municipal y compañeros del trabajador despedido y de otros sectores. Tras la conversación, el alcalde se compromete a la reincorporación del trabajador en las mismas condiciones en las que se encontraba, cuando salga la próxima licitación del servicio, que se llevará a cabo una vez que pase el verano y las fiestas de la Patrona el 8 de septiembre. Comprometiéndose a respetarle la antigüedad hasta el momento del despido y a partir de ese momento la que determine el juzgado ante la demanda interpuesta por nuestros servicios jurídicos. Tras el compromiso del alcalde dimos por finalizada la concentración, manteniéndonos vigilantes hasta ver cumplir el compromiso de la readmisión del compañero.




